Miguel Zenón, the jazz genius that came from Lloréns Torres

Por: Laura M. Quintero – view original posting in Noticel
Publicado: 31/08/2014 03:01 pm | Actualizado: 29/08/2014 02:17 pm

Cuando tenía entre cinco a once años, Miguel Zenón recorría el residencial Luis Lloréns Torres como quien anda descalzo en la comodidad de su casa. Ese era su barrio. En su mentalidad de niño, no había distinción entre las calles de dentro y fuera del caserío, ni entre personas privilegiadas y desfavorecidas; en el apartamento de su abuela, donde vivió junto a su madre y hermanos, se sentía privilegiado. Pese a la escasez, sentía que nada le faltaba, había apoyo abundante de su familia, por lo que se pensaba capaz de cualquier cosa.

El martes pasado, cuando se presentó ante un auditorio lleno de niños y niñas de la misma edad que él tenía en aquel entonces, reconoció que los privilegios que ha disfrutado durante su carrera, no consisten de lujos ni comodidades, sino de haber hecho de la música su vida: “He logrado mi sueño”, recalcó previo a interpretar Caravan del compositor puertorriqueño Juan Tizol, quien fuera integrante de la orquesta del legendario Duke Ellington.

Miguel Zenón, Genio del Jazz

Zenón, denominado genio del jazz por la fundación MacArthur, está consciente de que el éxito que ha tenido se debe a una confabulación de factores, pero recalcó que “si no hubiera sido por sus maestros y su crianza”, en particular, “no hubiera sido músico”. Mi familia siempre me dio muchas opciones”, reflexionó en entrevista con este diario. La madre, quien laboraba para ese tiempo en la desaparecida compañía Telefónica de Puerto Rico, le compró su primer saxofón con 150 dólares. La mujer contó que incluso antes de su nacimiento, ya Zenón había escuchado sus primeras melodías de jazz, en su vientre. La música corría en la sangre, durante la actividad, uno de los líderes comunitarios se vanagloriaba de haber tocado junto al padre de Zenón, en la banda de acero de la Escuela República del Perú casi medio siglo atrás.

La iniciación en la música del nominado al Grammy se remonta a cuando el maestro Ernesto Vigoreaux se paseaba con altoparlante por el residencial anunciando las clases de música gratis. En menos de dos meses de haber entrado en contacto, el hombre de setenta años ya profetizaba que Zenón, de tan solo diez, iba a ser un gran músico.

En retroactiva, el compositor lamenta que otros compañeros que crecieron con él no hayan tenido tantas opciones. Algunos terminaron presos o muertos. “Veía compañeros que tenían un carro bien brilloso o muchas prendas. Yo sabía de dónde venía eso… eran chamacos de quince años”, contó quien se mantuvo alejado de ese ambiente porque estaba enfocado en los estudios y tenía el apoyo de una familia que se mantuvo unida.

“Me hice una idea desde pequeño de que alcanzar metas, podía significar más”, mencionó. Esas metas significaron de hecho más sacrificio, se levantaba a las cuatro de la mañana todos los días para coger la guagua pública hasta la Escuela Libre de Música, donde estudió desde los once a los 17 años. Hasta el último minuto, titubeó entre escoger una carrera en ingeniería o arriesgarse a responder al llamado de la música.   “Yo lo que quería era hacer de la música, mi vida”, expresó.

Esa meta lo llevó incluso a emigrar a Estados Unidos al enfrentarse a la realidad de que en la Isla no había dónde estudiar jazz. Desde la diáspora, comenzó a buscarse a si mismo, a obsesionarse con el tema de su identidad. Desarrolló interés por estudiar los orígenes de la música puertorriqueña, aquellos ritmos que escuchaba durante su juventud en las calles de Villa Palmeras.

Se dedicó a la música con la minuciosidad con que se estudia la ciencia, y de ahí que fuera reconocido como genio y maestro, capaz de fusionar la tradición con la innovación, el jazz clásico con las influencias afrocaribeñas. “Sentí un compromiso de exponer a más gente a esta cultura”, comentó. Su trayectoria le ha ganado exposición en medios de alcance mundial como The New York Times, Wall Street Journal, Los Angeles Times, así como en la portada de la revista especializada en jazz, Downbeat.

Durante su visita a Puerto Rico, lamentó que la educación musical “esté sufriendo en las escuelas públicas”. Cuando él estudiaba en la escuela elemental María Martínez De Pérez Almiroty, pudo participar de la banda de flauta dulce y tomar clases de coro. “Tener exposición al arte, te da una sensibilidad y capacidad de entender las cosas”, argumentó el artista.

Esa preocupación es el motor del documental Armonía que gira alrededor de la visita que Zenón hizo a Aibonito y para la que provocó que un maestro de música relegado por el Departamento de Educación reviviera la legendaria banda del pueblo. Ese trabajo, del realizador Gabriel Coss, estrenó esta semana y será transmitido por PRTV.

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